Da
igual que tipo de zapatos quepan en esta caja, porque realmente el que ha
estado atrapado en ella, soy yo.
Desde
hace bastante tiempo he ido metiendo todos mis malos recuerdos, sentimientos
negativos, miedos, frustraciones, engaños, malos amigos y alguna que otra
miseria humana más en una pequeña caja de zapatos, donde es casi imposible
moverse, cuanto menos, respirar.
Las
palabras un día se las llevó el viento y de repente se hizo un silencio apto
para reflexionar y hacer balance de lo hasta ahora vivido.
Así
un día empecé a darme cuenta que a la única persona a la que le tenía que
rendir algún tipo de cuenta era a mí mismo, pero, descubrí que ese yo al que he
rendido y rindo esas cuentas es un tipo demasiado serio y exigente, estricto y
sin la actitud dialogante que siempre necesité y para colmo me resultó un tipo
demasiado arrogante. Me asusté, me asusté muchísimo y no pude parar de llorar
en un buen rato, porque en ese momento, se desmoronó todo mi universo personal.
Descubrí rabia, ira, miedos, rencores… Sinceramente, no me gustó nada.
He
tenido que ir aprendiendo a hablar conmigo, a comprenderme, a aceptarme y he
intentado ir analizando qué demonios ha pasado.
No
sabía, ni siquiera imaginé nunca que yo mismo pudiera ser mi propio verdugo. Ahora,
estoy empezando a aprender a perdonarme, para poco a poco ir vaciando esa caja
de zapatos para que cuando esté completamente vacía la pueda llenar de todo el
amor que sé que llevo dentro de mí.
Creo
que no soy el único en esta situación, lo cual, me tranquiliza y me da
esperanza…
© JUAN ANTONIO GÓMEZ JEREZ

No hay comentarios:
Publicar un comentario