La muerte es el más grande de los temores a los que
se puede enfrentar el hombre, ya que, implica la culminación de todo lo que
conocemos...
Implica la despedida para emprender un viaje no se sabe a dónde... de ahí
el miedo credo por la gran incertidumbre
y el desconocimiento absoluto de lo que pasa después de LA MUERTE...
¿Y si no pasara nada
malo?
¿Y si sólo fuera un
simple trámite a algo mejor?
AFIRMARLO ES IMPOSIBLE……
NEGARLO ES IMPOSILE……
Es normal tener un temor
natural a la muerte, especialmente si se presenta una situación peligrosa, como un
accidente o una enfermedad. Otra cosa bien distinta es la tanatofobia o fobia a
la propia muerte. La tanatofobia es el miedo persistente, anormal e
injustificado a morir, y afecta de manera importante a la vida cotidiana. Las
personas tanatofóbicas suelen ser hipocondríacas y pueden sufrir ataques
de pánico.
Sin llegar a presentar
estos síntomas, en la vida actual es muy habitual que la gente no se enfrente a
la realidad misma de que, en algún momento, la muerte nos llegará a todos. En
muchos casos se evitan estos pensamientos.
Se evitan seguramente
porque nuestro desconocimiento al respecto es infinito; ya sea porque hayamos
perdido el aprendizaje ancestral o porque nuestro miedo nos revela una actitud de evitación.
En este sentido, hay
muchos expertos que dicen que gran parte de la conducta humana actual está de
algún modo influía por los “reality shows”, las novelas, las historias, incluso
los videojuegos, de tal modo que se realizan “actividades de desplazamiento”
cuyo objetivo es defenderse de la conciencia evidente de lo que es inevitable.
Sin embargo, tras todo
esto no hace más que exacerbar e incrementar los temores y, cuando estos se
manifiestan, pueden provocar situaciones de angustia y ansiedad, especialmente
cuando nos enfrentamos a situaciones reales en las que tenemos que enfrentarnos
a una enfermedad o situación grave personal o de un ser cercano.
Probablemente ese temor a lo desconocido
y al dolor o sufrimiento nos de esa sensación de escape y evasión…
El miedo a morir también
puede influir en el desarrollo de nuestra vida diaria, y puede hacer que situaciones tan
normales como conducir, viajar o incluso salir de excursión sean una fuente
importante de estrés y ansiedad que, además de influir en los demás, conlleve
consecuencias personales para la salud y el bienestar física y emocional.
Nuestra cultura actual
en la que lo físico sobresale a lo mental y a lo ancestral, se encuentra
envuelta en una grave crisis que probablemente nos deje ciegos a la hora de
intentar descubrir que es la muerte.
Cada uno de nosotros
está en plena disposición y libertad de pensar y creer sobre la muerte lo que
queramos, porque no tenemos un conocimiento real ni religioso, ni científico,
ni parapsicológico… Pensaremos a razón de nuestras necesidades, miedos y
cultura. Y si como dicen los SOLIPSISTAS todo fuera una mera fantasía de
nuestra mente…
Entonces, ¿qué
podemos hacer para evitar que el miedo irracional a la muerte estropee nuestra
vida?
ESTRATEGIAS PARA
DETENER EL MIEDO A LA MUERTE
1 – La conciencia de muerte debe ayudarte
a vivir
A todos nos llegará el
día final, inevitablemente. Pero el miedo a ese día hará que todos los días
sean un infierno. ¿Qué sentido tiene, entonces, la vida? ¿Esperar la muerte?
¿Burlarla? ¿Por qué no aprovechar lo que tengamos, sea más o menos?
La conciencia de la
muerte puede ser utilizada para disfrutar más de la vida, para agradecerla como
un regalo que hay que aprovechar y exprimir hasta la última gota.
La muerte en la cultura
occidental se ha convertido en algo tabú. Somos una generación tan poderosa que pensamos que
podremos incluso vencer la naturaleza para mejorar algo que no debería suceder
realmente. Por otra parte, la pereza, el miedo a actuar y la mezquindad que
rodea todo consigue contrarrestar la necesidad de reflexionar sobre nuestra
propia fugacidad. La falta de valores que se respira en el ambiente hace que no
reflexionemos sobre el sentido de nuestra vida y que lo esencial carezca de
sentido.
Es necesario recapacitar
sobre nuestra esencia y encontrar aquello que realmente merece la pena
para nosotros, esa huella que queremos dejar para que, de algún modo, nuestro
paso por este mundo le haya servido a alguien para tener una mejor vida.
2 – Busca los desencadenantes de tu miedo
A menudo el miedo a
morir tiene su origen en algún hecho traumático. Si encuentras ese origen -la
muerte de un familiar querido o de una mascota, o incluso un suceso ajeno a ti
pero que te causó gran impacto- será más sencillo racionalizar lo ocurrido. Si
encuentras la causa de tus miedos, los sentimientos traumáticos que genera se
desplomarán, por lo que será más fácil superar el miedo a la muerte.
Si el problema tiene su
causa en la no superación de la muerte de alguien es importante buscar ayuda
profesional para superar el estrés y el efecto dominó que ejerce en la vida
diaria.
3 – Relájate mientras piensas en ello
Evitar los pensamientos
sobre la muerte no conduce a superar el miedo a la misma. Al contrario, es
necesario mantener la calma cuando sobreviene el pensamiento, porque no se
trata de lo que pensamos que puede pasar, sino de cómo nos sentimos ante la
incertidumbre. Aprender a relajarse es vital para intentar controlar esos
sentimientos y contrarrestar la carga que el miedo ejerce sobre nosotros.
4 – Considera la idea de que la naturaleza
es sabia
En muchas situaciones en
las que la muerte parece inminente, la naturaleza puede ayudar. Eso es lo que
se desprende de los testimonios de muchas personas que han estado muy cerca de
morir. La falta de dolor o el estado de desapego son algunas consecuencias que
hacen que la certidumbre del final se haga más fácil. Durante las emergencias
que amenazan la vida, la naturaleza ayuda.
Personas cercanas a la
muerte describen cómo se empiezan a sentir preparadas. Las personas muy
longevas o que llevan años padeciendo una enfermedad grave sienten la muerte
como una parte más del ciclo natural de las cosas.
La naturaleza tiene su manera de ayudarnos a manejar las cosas cuando se
presentan. ¿Por
qué preocuparnos antes de tiempo?
¿Y SI RESULTARA SER TODO
UN JUEGO DE NUESTRA MENTE?
SOLIPSISMO.
© JUAN ANTONIO GÓMEZ JEREZ (AUTOR ARTÍCULO)